viernes, 27 de mayo de 2016

PIÑA ASADA CON ESPECIAS AL ESTILO THAI



La piña tiene su origen en la cuenca del Amazonas, entre Brasil y Paraguay, donde se le llamó “Ananás”, palabra de origen guaraní que significa “fruta excelente”; sin embargo, en Brasil se le llama abacashí, nombre que deriva de la palabra tupi guaraní abacaxí. Los nativos sudamericanos regalaban el fruto en señal de amistad.

Acostumbrada al calor y a la humedad se aferró a la vida, adaptándose de continente en continente.     De Sudamérica fue llevada a través del tiempo por los indígenas que se atrevían a viajar con los pocos medios existentes en ése entonces a otras regiones del continente incluso hasta Centroamérica y al Caribe, de tal manera que cuando Cristóbal Colón arribó en una de las islas caribeñas, entre muchas de las maravillas estaba la “piña des Indies” o “naná”.

En su preciosa carga Colón llevó a España algunas piñas. De Europa las carabelas y galeones españoles diseminaron dicha fruta por el mundo pues la llevaban para prevenir el escorbuto común de la época, teniendo como resultado que germinara en aquellos lugares con climas y tierras parecidas a las latinoamericanas.   

La introdujeron en las islas Filipinas en el siglo XVI, dominio que administraban desde la entonces Nueva España.  Desde Filipinas llegó al resto de Asia, siendo los portugueses quienes la introdujeron en la corte del Rey de Siam, Narai (el rey más famoso de la historia de Ayutthaya.); allí, en la actual Thailandia, se le denominó “sapparod”.

El nombre de “piña” se le dió por su parecido con las piñas de los pinos y se convirtió, tal y como la denominaron antiguamente, probablemente en alusión a su corona de hojas, en la “Reina de las frutas”.

De hecho, es el segundo cultivo tropical en importancia mundial después del plátano; siendo Thailandia el principal productor, seguida de lejos por Filipinas, Brasil, China e India.

Las piñas tailandesas en general son pequeñas, como si el tamaño fuera hecho a propósito para concentrar el dulce que las caracteriza.   Nunca antes, de aquel viaje del año 1994 yo había probado una piña tan dulce, amarilla como el oro que salpica todos sus monumentos y templos, jugosa, con un aroma como toda su cultura, simplemente mágico.

En Thailandia, cada comida, cada bocado abre la puerta a una experiencia fascinante, inolvidable, momentos únicos que deben vivirse con intensidad….así lo hice, así quedó grabado en mi memoria, en mi vida…cada instante de mis viajes al país de los hombres libres, al país de la eterna sonrisa….

un pueblo que rinde culto a la naturaleza, cuya gastronomía es un estallido permanente de aromas, colores, sabores, donde sus platos son impensables sin las especias.

Una gastronomía que ocupa un lugar especial en Mi Cocina……donde llega una jugosa piña y preparo éste delicioso postre tailandés, con especias y al horno, eso sí, acompañándola con un refrescante helado…


¿Cómo lo hice?

Ingredientes para dos personas:

Media piña madura, 50 grms. de mantequilla, 4 cucharadas soperas de miel, dos cucharadas pequeñas de canela molida, una cucharada pequeña de nuez moscada en polvo, cuatro cucharadas soperas de azúcar moreno, una cucharada pequeña de sésamo.

Para acompañar: helado (En éste enlace pueden encontrar algunas recetas)

Los pasos a seguir:

Precalentar el horno a 180º C.

Con un cuchillo afilado, cortar la piña por la mitad

pelarla, desechar la parte central (ya que ésta, está demasiado dura) y cortarla en trozos pequeños.

En una cacerolita poner la miel, la mantequilla, la canela, la nuez moscada y el azúcar y calentarlo a fuego lento, sin dejar de remover hasta que la mantequilla se derita.

Echar los trozos de piña en una fuente especial para hornear y añadir la preparación de las especias sobre la fruta.

Introducir la fuente en el horno y dejarlo hornear durante unos 20 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la piña se dore (cuidado de que no se llegue a quemar).


Servir acompañado de helado y espolvoreado con el sésamo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

ESPARRAGOS ESPARRAGADOS CON HUEVO CUAJADO



Hay frases populares, tradicionales, que sin darnos cuenta las usamos o las escuchamos sin ponernos a pensar cual fue su origen, qué llegaron a significar realmente, e incluso sin tener ni idea de quienes o por qué la inventaron.

En Málaga concretamente cuando alguien nos está molestando o pretendemos que nos deje tranquilos durante un rato, solemos decir algunas expresiones muy locales como: “Vete a tomar viento a La Farola”, “Vete a hacer puñetas (con perdón)” o ésta otra “Vete a freir espárragos”.....otras más mucho menos educada, pero que no voy a indicar lógicamente.    Frases que decimos y cuyo significado real, no nos paramos a pensar. 

La primera de ella, la más malagueña, tiene su origen en que durante el siglo XIX el camino que llevaba a la Farola se consolidó como un espacio de paseo y ocio de los malagueños, lo que determinó su calificación como paseo.  Un maravilloso paseo para “los pesados mirones”, ya que conducía a la playa reservada a las mujeres; una zona con  la continua presencia del viento que dio lugar a la frase dedicada a los pesados de "vete a tomar viento a La Farola".

Menos considerada es aquella de “vete a hacer puñetas”; aunque su origen, muy popular por cierto, no tiene un origen más altisonante que realizar un trabajo delicado, una labor que implicaba mucha paciencia y tiempo.  

Pues hay que decir, en primer lugar, por si alguien  no lo sabe, que las puñetas son las bocamangas (la parte mas cercana de la manga) realizadas con bordados y puntillas, realizados a mano con hilo, formando un tejido calado con flores y figuras que adornaban algunas togas. Su nombre procede del hecho de caer la manga sobre el puño.

Una labor que requería mucho tiempo…así que enviar a alquien a hacerlas, es decirle sutilmente que deseamos que se alejen durante un largo, larguísimo periodo.

¿Y cuando decimos “Vete a freir espárragos”?

 He llegado a descubrir que que existen documentos del siglo XIX en los que ya se recoge la expresión “anda a freír espárragos”.    Al parecer, esta frase viene a decir lo contrario que un proverbio en latín que rezaba “Citius quam asparagi coquantur”, algo así como “en lo que tardan en cocer los espárragos”.

Por lo visto, ésta verdura, ya sean blancos o verdes tiene que estar un breve periodo de tiempo en el agua una vez que ésta ha comenzado a hervir.  Por ello, si se quería tener a alquien entretenido durante un tiempo más largo, había que enviarle a freírlos, no a cocerlos, encoméndandole la tarea que les va a llevar un rato más en preparar tan riquísima verdura.  

Yo, no les voy a mandar a freir espárragos solamente, también hay que cocerlos a fin de que estén más tierno….y añadiré más, preparar unos espárragos verdes “esparragaos” y los disfruten; pero por favor, no se alejen mucho tiempo de “Mi Cocina”, éste blog no existiría sin Vds.

En toda la provincia de Málaga, desde las primeras lluvias de otoño brotan de las esparragueras los preciados espárragos, libres, salvajes, en los montes, en los caminos, en el campo....los preciados trigueros; directamente desde el suelo, ya que un espárrago no es más que un renuevo de la planta que pretende ramificarse y convertirse en esparraguera.      

En realidad, todas las esparragueras de un lugar están conectadas bajo tierra por una extensa red de rizomas, de la que emanan lo espárragos, desde octubre hasta mayo.

Los espárragos trigueros, los denominados silvestres son un producto exclusivamente de temporada son reconocibles por su forma espigada y un punzante sabor amargo, que no llega a desagradar pero que resulta muy característico por lo que muchas veces su sabor tiene que ser mitigado en revueltos o guisos, como los redundantes espárragos esparragados, que es la receta que da lugar a la entrada de hoy.

Es en la Comarca de Antequera, incluso en Ronda y muy concretamente en el precioso pueblo de Sierra de Yeguas, donde desde hace varias décadas comenzaron a cultivar y a exportar, optando también por la agricultura ecológica del espárrago verde. 

La mejor época para degustarlos es de enero a abril.     Aunque con las últimas lluvias de Mayo, éste año se ha prologando la temporada, así de frescos, empaquetados, ya preparados y cortados los encuentro en mi tienda de confianza.   

Espárragos verdes de Antequera…….Sabor a Málaga en Mi Cocina, en éste plato de espárragos de Antequera "esparragaos".

¿Cómo los hice?


Ingredientes para dos personas:

Un paquete de espárragos (250 grms), dos huevos (uno por comensal), media rebanada de pan, dos dientes de ajo, una cucharada pequeña de pimentón dulce (pimiento molido), una cucharadita de cominos,

una cucharada sopera de vinagre de vino, tres cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra (uso sin filtrar, en ésta ocasión de Antequera), sal y agua para la cocción.

Los pasos a seguir:

En una cacerola con agua cocer los espárragos durante unos cinco minutos aproximadamente, hasta que estén tiernos con cuidado de que no se rompan, salando previamente al gusto.  Retirar del fuego y reservar.

En una sartén freir los ajos pelados y el pan, con cuidado de que no se quemen.

 Una vez fritos pasarlos a un mortero junto con el comino y el pimiento molido majando todos los ingredientes hasta formar una pasta lo más fina posible.

Añadir el vinagre y cuatro o cinco cucharadas del agua de la cocción de los espárragos, removiendo bien todo el conjunto.

Sacar los espárragos de la cacerola, escurriéndolos bien, pasándolos a la sartén donde previamente se frieron el pan y los ajos.  Añadir un pelín de sal.

 Cortarlos en trozos pequeños y rehogarlos durante un minuto, agregando el “majaillo”.  

 Remover bien todo el conjunto y cascar en el centro los huevos (personalmente me gusta romper la yema para no encontrármela cruda) dejándolo cuajar a fuego medio.

Retirar del fuego y servir…… 

Disfruten de ése maravilloso lugar por donde sale el Sol: Antequera.  Lugar milenario, creado por los dioses, llena de arte y de magia.   

A menos de una hora de trayecto desde el centro de la capital malagueña, donde se encuentran los antiquísimos dólmenes de Menga, Viera y El Romeral (El dolmen de Menga, que pudo ser construido en el año 2.500 Antes de nuestra Era, con una extensión de 25 metros de largo y erigidas con rocas de 180 toneladas), es el conjunto de dólmenes más grande de Europa y el Paraje Natural de El Torcal, famoso por la caprichosa forma de sus rocas calizas, que conforman uno de los paisajes cársticos más importantes de Europa. 

Antequera, por su arte, sus paisajes, sus generosas vegas, su Peña de los enamorados, El Torcal, los dólmenes, su rica, única y deliciosa gastronomía….Patrimonio y orgullo de los malagueños y por qué no: de la Humanidad.

lunes, 23 de mayo de 2016

TARTALETAS DE HOJALDRE O PASTEL DE FRESAS (O FRUTAS VARIADAS) CON CREMA PASTELERA



He de confesar que por motivos que en éstos momentos no vienen al caso, las musas me tienen abandonada a la hora de escribir y redactar las entradas de las distintas recetas que andan aparcadas en el cajón de “Mi Cocina” virtual, esperando ver la luz.

 Mi cabeza no deja de pensar, pero en muchos temas que nada tienen que ver con la cocina…y cuando me siento delante del ordenador y mis dedos quieren volar por el teclado, mi mente se pone en blanco, sin ninguna idea atrayente con la que comenzar para al fin llegar a compartir alguna que otra receta con mis lectores.

¡¡ Porque me imagino, me gusta y me anima saber, que me leen a pesar de las retahílas que suelo soltar de vez en cuando !!  En ocasiones tediosas, largas, con demasiada añoranza y recuerdos…por lo que me consta, y si no me lo recuerdan, que debo pedir perdón.   Nunca está en mi ánimo cansarles.

Y la falta de ideas, me da la idea para poder escribir éstas líneas.

Encontrar inspiración para escribir y describir, no es fácil.    Las musas no siempre me acompañan y aunque necesite o quiera escribir el prolegómeno, la iniciación o el texto que me gusta acompañar a lo que realmente importa en un blog de recetas de cocina, ésas ideas no me vienen a la mente o en ocasiones no me siento capaz de explicarlas con palabras.

Igual de vez en cuando hay que parar, mirar al horizonte, tomar una copa, descansar y dejar la mente que vuele…..pero siempre mirando al mar.

Es por ello que admiro a quienes son capaces de contar y plasmar en un papel (o quizás debería ya decir en una nube)  lo que su imaginación le dicta, ésas personas tan especiales que comparten a la perfección todas las historias, experiencias o vivencias que llegan a su mente….y que saben descubrir y escribir las mil y una historias que aún están esperando que un escritor las sepa o puedan transmitirlas a los demás.

Una de ésas personas, la conocí a través de éstos caminos virtuales; una persona que tuvo hace tiempo la generosidad de comenzar a enviarme sus maravillosos y geniales escritos;  historias escritas con una sensibilidad especial.

Se llama María José…..y era mi amiga “virtual”, y desde hace unas semanas, mi amiga real.     Sí, la he conocdo personalmente de una forma muy especial: como casi cada Sábado, me gusta ir a comprar a primera hora al Mercado de Huelin, casi siempre estoy en los mismos puestos ya sea de carne, verdura, especias y en los de pescados y mariscos.    

Un Sábado cualquiera, de no hace mucho tiempo, se acercó una pareja, yo pensando que lógicamente para comprar, pensaba que esperaban la “vez”, pasaban los minutos y yo seguía haciendo mi pedido cuando, quizás la pobre mía desesperada, me hace una señal…y me dice: soy Maria José…No iba a comprar, solo a saludarme y conocernos.  

Al principio la confundí con otra persona que también me sigue por las redes sociales o gracias al blog.     Cuando me aclaró quién era….nos fundimos en un largo y cálido abrazo; ya conozco su rostro, ya sé quién es la autora de ésas historias, maravillosas que guardo celosamente en mi carpeta del ordenador con su nombre, por fin he podido conocer realmente a una gran escritora llena de imaginación y con una magia especial para la palabra escrita que transmite sus pensamientos y emociones en sus historias, en ésos regalos que me encuentro de vez en cuando en mi correo electrónico.    Pienso: Soy afortunada por contar con su amistad.

Ella, una gran escritora, hoy es mi musa para dar pie a ésta receta…..un clásico de la pastelería, tan dulce como ella.

¿Cómo lo hice?

Ingredientes:

Bien si es para una tarta con un molde de unos 20 cmts. de diámetros, o cortarla en varios moldes pequeños.

Una base de hojaldre fresco (se puede comprar en cualquier supermercado, en refrigerados, no congelados), una tarrina de fresas
 (la cantidad de ellas, va en función del tamaño o si las colocan enteras o cortadas en trozos), una cucharada de azúcar, el zumo de una naranja y un sobre de gelatina en polvo.

Aunque también pueden usar diferentes frutas cortadas, como yo suelo hacer en ocasiones (mango, plátano, uvas, manzanas, melocotones, kiwi…..)

Para la crema pastelera: 2 vasos de leche entera, 2 yemas de huevo, 50 grms de azúcar y 20 grms de maicena y una cucharada pequeña de esencia de vainilla.

Los pasos a seguir:

Lavar bien las fresas y quitarles las hojas (Si es la fruta variada, pelarlas o lavarlas igualmente, cortarla en trozos pequeños).

Colocarlas en un cuenco, añadir una cucharada de azúcar y el zumo de media naranja, remover bien, taparla con papel film y guardar en el frigorífico.

Mientras preparar la crema pastelera y precalentar el horno a 180º C.

Reservar medio vaso de leche en una taza, añadir la maicena, el azúcar, las yemas de huevo, la esencia de vainilla y batir con unas varillas.

El resto de la leche echarlo en una cacerolita y ponerla en el fuego.  Cuando comience a humear añadir el contenido del vaso donde se ha mezclado el resto de los ingredientes.

Volver a poner en el fuego y llevar a ebullición sin dejar de remover con unas varillas hasta que espese.    Retirar del fuego y reservar.

Colocar la masa de hojaldre en el molde (utilizando de base el papel de hornear que trae de fábrica), rellenar la base de la masa con garbanzos secos (con ello se consigue que no crezca la masa) e introducir en el horno (calor arriba y abajo) dejándolo hacer durante unos diez o doce minutos o hasta que esté dorado.

Sacar y dejar de enfriar.  

Una vez fría, quitar los garbanzos, desmoldarla y colocar la base de hojaldre en la bandeja donde se vaya a presentar.

Rellenar la base con la crema pastelera, aplanándola con una espátula y colocar la fruta encima.

Mientras, echar en una cacerolita el resto del zumo de naranja y el zumo de la maceración de las fresas y completar con agua (si fuese necesario) la cantidad de liquido necesario según las indicaciones del fabricante de la gelatina.   Añadir el polvo de gelatina (siempre siguiendo las instrucciones del fabricante), remover con unas varillas y poner el cazo en el fuego, llevar a ebullición sin parar de remover durante un minuto y apartar del fuego.

Verter la gelatina por encima de la fruta, dejar el pastel cuajar y enfriar en el frigorífico.

Dedico ésta entrada a una gran contadora-escritora, a mi admirada Maria José, a la que animo siempre para que publique en papel sus historias, a que algún día sus libros estén en mi biblioteca…….no en una carpeta de mi ordenador.
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