jueves, 19 de enero de 2017

CREMA DE PUERROS Y PATATAS




Hace frío, el día está gris, triste, desapacible, nublado pero ni llueve ni nieva, aunque hoy, mientras escribo éstas líneas, la provincia de Málaga está cubierta con un blanco manto, las noticias nos avisaban de que la posibilidad de que nieve en la capital malagueña era alta. 
Un hecho insólito que no ocurría desde hace décadas, poco habitual en ésta tierra donde vive el Sol y donde la nieve ha querido visitar; ya ha hecho acto de presencia a muy pocos kilómetros alrededor de mi casa, todo un espectáculo ver los maravillosos paisajes que se divisan desde la misma orilla de la mar, todos los montes y serranías llenas de verdor, pintadas de blanco.   Así está la Sierra a escasos metros de mi ésta misma mañana...


Espero poder ver los ansiados copos mirando a través de mi ventana; el cielo está plomizo y una suave lluvia, un “agua nieve” cae lenta y suavemente empañando los cristales de mis ventanas.   Va cayendo la tarde y mi salón iluminado levemente por alguna vela, por el fuego de la chimenea encendida y una luz que ilumina mi libro, mientras apuro el último sorbo de una humeante taza de té….


Miro a mi alrededor, la luz, las velas, el fuego, una suave música, mis hijos, sus parejas, mi marido…..así estábamos hace unas horas, reunidos para comer, en ése mismo rincón de mi casa, lleno de calor y cariño, con un buen vino y siento que aún se conserva el calor familiar aunque fuera hace frio y pienso que no hay nada más cercano a la felicidad. 


Vivimos en un mundo tan estresante y ocupado, tan pendiente de la tecnología, de las prisas, de los problemas y preocupaciones que quizás dejamos escapar los pequeños momentos,  ésos que reconfortan el alma y que nos da la vida y pienso una vez más que fuera en la calle, sopla el viento, hace frio….mucho frio y en “Mi Cocina” hace calor.

Hoy un día de frio extremo para los malagueños, les animo a preparar un plato fácil, sencillo, rápido de preparar y sorprendentemente económico.    No hay que estar mucho tiempo en la cocina para disfrutar de algo rico, delicioso que nos permite tener más tiempo para relajarse y disfrutar de los pequeños y grandes placeres de la vida.    Es una simple, pero a la vez contundente crema de puerros y patatas.

Por cierto ¿sabían que no se conoce el origen del puerro, que no se ha encontrado su variedad silvestre en ningún lugar del mundo?  

Sí hay constancia de que ésta era consumida ya en Mesopotamia, Turquía o Egipto hace más de 3.000 años, concretamente en este último enclave servía como alimento usual para los trabajadores de las pirámides.

Pero serían los romanos quienes extenderían el consumo de puerros por todo el Mare Nostrum, gracias a sus colonias repartidas desde Hispania hasta Oriente Próximo, Norte de África e Islas Británicas.   Precisamente en De re coquinaria de Apicio, uno de los escasos textos que aún se conservan relacionados con la gastronomía romana, se hace referencia a diferentes recetas elaboradas con puerros y aparecen en primeros platos romanos.

En la actualidad, el también denominado “ajoporro”, el puerro, podemos encontrarlo todo el año en los mercados, una verdura que en Málaga es indispensable en un buen “puchero”, desde pequeños aprendemos de nuestras madres que al puchero hay que echarle, además de una patata: apio, nabo, zanahoria y puerro.  

Yo suelo sacarle mucho más partido, en salsas, insustituible en cualquier receta china cuya base sean las verduras, en quichés o tartas saladas, en mis acompañamientos de carnes junto con otras verduras hechas al vapor, pero el puerro también se merece ser el protagonista absoluto….como ocurre en el vecino país, en Francia, donde el puerro es “la estrella” absoluta en uno de sus más conocidas recetas: la “Vichyssoise.

La vichyssoise mundialmente famosa se toma fría y por supuesto se realiza con nata, prácticamente igual que el plato que hoy he preparado, que en casa nos gusta tomarlo bien caliente, en los fríos días de invierno….bien como entrante o primer plato e incluso como un plato de cuchara para la cena.    De una manera u otra perfecto para cualquier ocasión ¿no creen?  

¿Cómo la hice?

Ingredientes para dos personas:

Un puerro grande, media cebolla grande (tipo cebolleta), una patata, 100 ml. de nata especial para cocinar, sal, dos vasos de caldo de pollo, aceite de oliva virgen extra, jamón serrano cortado en taquitos.

Los pasos a seguir:

Pelar la cebolla quitándole la capa exterior y picarla igualmente en trozos pequeños.

Cortar la raíz del puerro, retirar la primera capa y cortar por la parte blanca (reservar la parte verde para sopas u otras recetas); enjuagar bien bajo el grifo.    Cortar la parte más blanca en trozos pequeños

 y un trocito de la parte final dejarla de forma alargada y lo más fina posible, reservando aparte. (se utilizará para darle un “toque” final al emplatado).

En una cacerola echar un chorreón de aceite de oliva y sofreir el puerro junto con la cebolla, salando previamente (con ello soltarán el agua y se evita que se dore en demasía), removiendo durante unos minutos hasta que la cebolla comience a estar transparente.

Mientras se pochan las verduras, pelar la patata, enjuagarla bien y “cascarlas” en trozos pequeños (de ésta forma, la patata soltará más almidón y la crema resultará más espesa).

Incorporar las patatas, agregar el caldo de pollo en la cacerola de forma que cubran todos los ingredientes, llevar a ebullición, salar al gusto y dejar cocer durante unos quince minutos aproximadamente (hasta que pinchando las patatas se compruebe que estén tiernas).

Añadir la nata, remover bien y retirar del fuego la cacerola.

Remover a fin de que se integre con el resto de ingredientes.

Triturar bien con la batidora, de forma que quede una mezcla con textura de puré, ligeramente espeso (en función del gusto de los comensales se puede añadir más o menos nata, incluso hacerlo con leche, o bien rectificar con el caldo de pollo si lo consideran necesario). 
Mantener caliente hasta la hora de servir.

Para el “toque” final, freir en aceite de oliva el puerro cortado en tiras hasta que esté dorado.

Retirarlo con la espumadera y colocarlo en un plato sobre papel de cocina a fin de que en él quede impregnado el aceite.

Servir la crema bien calentita, con el puerro frito, unos taquitos de jamón que aportará color y sabor.    Adornar con unas gotas de aceite de oliva virgen extra.

 Una sopa reconfortante, saludable…..Disfrútenla ¡¡ Buen provecho !!

lunes, 16 de enero de 2017

GALETTE DES ROIS À LA FRANGIPANE



Adoro París desde que pisé sus calles en aquellos años 80, bien por motivos profesionales y la mayoría de las veces por motivos personales he vuelto una y otra vez, cada vez que podemos viajamos a Paris, “La Ciudad de la Luz”, un lugar que me cautivó por su magia, su glamour, su historia, sus museos, su arquitectura, su ambiente, su gastronomía…….  

Y sin levantarme del sillón, viendo la televisión, podía volver, viajar gastronómicamente gracias a una gran cocinera; veía su programa  y conocí “Su Cocina” hace ya algunos años en Canal Cocina, ella es  Evelyne Ramelet (Pinchando en éste enlace irán a su página web), 
Su programa “Cocina Francesa”, me cautivó como París; con sus recetas que iba explicando con su voz suave y melodiosa con ese "charmé" de la lengua francesa iba descubriendo las recetas del pais vecino.

Una gran chef, periodista especializada en gastronomía y sociología europea, ha publicado varios libros de cocina, mujer emprendedora, luchadora, magnifica cocinera, francesa de nacimiento y malagueña de adopción es pionera en divulgación gastronómica a través de internet.    La admiro y la sigo, no sólo por su gran trayectoria profesional, por su simpatía, también me llegó al corazón saber que vive en Málaga, ahí me tocó ésa fibra sensible: la pasión por mi tierra y por su mar.   

En éstos últimos días festivos que la blogosfera e internet se llenó, más bien se atiborró  de los clásicos dulces navideños, se me ocurrió decir que no me gusta el Roscón de Reyes. No puedo negar lo evidente, no me hace gracia, lo encuentro un tanto insípido; ni tan siquiera rellenándolo sea de la crema que sea, ni tan siquiera me hace “tilín” la combinación del bizcocho en sí con la fruta escarchada que tanto me gusta.    

Y cual fue mi sorpresa, que Evelyne me recordó un clásico pastel francés que se suele consumir en el vecino país galo, los días de Reyes; concretamente  se refería a “La galette des Reis”; un dulce que me encanta y que he degustado en alguna ocasión en mis viajes a Paris.


Este pastel se suele encontrar todo el año, aunque es tradicional en  la festividad de la Epifanía, celebración cristiana que empezó siendo el primer domingo del mes de Enero, hoy en día tiene fecha fija, el día de Reyes.      Su origen es una costumbre pagana que data de tiempos el Imperio Romano, proviene de las Saturnales romanas o “fiesta del desorden” que se celebraba entre finales de diciembre y principios de enero.

De hecho, era un sacrificio al Dios Saturno, para conjurar los días nefastos.  Ese día, se intercambiaban los papeles amo-esclavo y entre otros manjares, se confeccionaba una torta en la que se escondía una moneda o un haba. Todos los esclavos participaban de ello. La tradición quería que el más joven de la casa se escondiera bajo la mesa y nombrara de forma aleatoria a los participantes a la hora de repartir. A quien le tocara la pieza sorpresa, se convertía en el “saturnalicius princeps” (Maestro de las Saturnales o Rey del desorden), incluso podía dar órdenes al dueño de la casa. Eso sí, tenía las horas contadas…el amo le haría ejecutar al día siguiente.

Hoy en día, en lugar del haba seca, se suele poner dentro del pastel figuritas de plástico o de cerámica; el haba seca simbolizaba la sabiduría de los secretos de la vida, aunque hay quienes dicen que simplemente es atraer la buena suerte.

Quien encuentra el regalo en su trozo de “galette” se gana el derecho a ser “rey” por un día.    Cuentan que el propio Luis XIV, de niño, se ilusionaba con encontrar la sorpresa de la “galette” para “ser rey dos veces”.


Desde sus remotos inicios el pastel fue evolucionando, cambiando de forma y entre ellas, hoy en día, las más consumidas y la que conquistó las pastelerías parisinas, es la que se conoce como “franchipán”, cuyo relleno, una crema de almendras molidas, se la debemos a la esposa de Enrique IV de Francia, María de Médici dejó su Italia natal para casarse,  aunque el mérito fue del conde Cesare Frangipani, que según afirman, fue quien elaboró la famosa crema con motivo de la boda.


¿Fue entonces cuando nació la Galette de Reis frangipane? Es posible, lo que sí sé con certeza cuando llegó a “Mi Cocina” gracias a Evelyne, un pastel que por cierto le ha encantado al “rey” de mi casa, mi marido, él no necesita encontrar ninguna sorpresa dentro, ni tan siquiera un haba seca para seguir siendolo cada día de mi vida.     La tendré que hacer todo el año…..y les puedo asegurar que no será en absoluto un sacrificio romano, será un placer parisino.


¿Cómo la hice?

Ingredientes:

2 láminas de hojaldre (se puede comprar en refrigerados de cualquier supermercado), 125 grms. de almendra molida, 75 grms. de azúcar (usé azúcar moreno), 50 grms. de mantequilla y tres huevos (uno para pintar el hojaldre).

Los pasos a seguir:

En un cuenco echar los dos huevos junto con el azúcar y con unas varillas batir hasta que “blanquee”, de forma que quede integrados como si de una crema se tratase.

Incorporar la mantequilla (deberá estar a temperatura ambiente, a punto de “pomada”) y mezclar bien de forma que quede una crema homogénea. 

 Añadir el polvo de almendras y mezclar.



Batir el otro huevo en un recipiente y reservar.

Colocar una de las obleas de hojaldre sobre papel de hornear directamente sobre la bandeja que irá al horno y realizarles algunos agujeritos con un tenedor por el centro.

Rellenar con la crema dejando un borde libre de unos centímetros,

Extender la otra masa de hojaldre encima de la masa de almendra para cerrar la “galette”.

Apretar los bordes con suavidad con los dedos a fin de dejar bien aprisionada la crema.    Hacer unos cortes en todo el diámetro de la “galette” (con ello se conseguirá que  la masa suba mejor), realizar algunos agujeritos con un tenedor, por el centro a modo de chimenea y realizar algún dibujo, con cuidado de no cortar la masa, a fin de que estéticamente quede más creativo el pastel.

Untar con huevo batido, con mucho cuidado de no untar la zona del borde donde se juntan las dos masas, porque si no, no subirá.

(Queremos que una vez que salga del horno quede así de espectacular)
Meter "la galette" en el horno, previamente calentado a 200º C; hornear a ésa temperatura los primeros diez minutos y a 175º C otros diez minutos, procurando que quede dorada y no se llegue a quemar.

¡¡ Disfrutenla....!!

Paris, siempre nos quedará Paris, a mi y a mi familia.

Y cada vez que vuelvo, que volvemos, siempre pienso: Gracias vida por permitirme reencontrarme con Paris una vez más.   
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